Informe escrito sobre Perspectiva histórica social del conflicto angolano: entorno regional e internacional.


Informe escrito sobre Perspectiva histórica social del conflicto angolano: entorno regional e internacional.

 

La Primera Guerra de Liberación Nacional de Angola se movieron actores que imprimieron al conflicto un elevado grado de complejidad tanto en el plano interno como en el externo.

El conflicto armado angolano en el período que transcurre de 1961 a 2002. Los antecedentes económicos, políticos y sociales que ubicaban a los portugueses por un lado y a los angolanos que se les resistían por el otro, lo que provocó que durante la primera mitad del siglo xx los angolanos se enfrentaran y derrotaran en varias oportunidades al ejército portugués. La victoria sobre el fascismo en la Segunda Guerra Mundial influyó positivamente en el desarrollo de los movimientos de liberación nacional, por lo que en la década de los 50 se produjeron importantes avances libertadores en el continente africano. Asimismo, el contexto internacional se hacía cada vez más complejo debido al fortalecimiento de los países socialistas europeos y la paridad nuclear alcanzada por la Unión Soviética (Da hrendorf, 1962, p. 102).

En africa se produjo un despertar del nacionalismo independentista en el que tuvieron un importante papel los partidos políticos surgidos en aquel entonces. El régimen colonial fascista que Portugal aplicó en sus colonias dificultó el desarrollo del nacionalismo moderno en Angola, pues los partidos políticos tuvieron que constituirse en la clandestinidad, lo que suponía una tarea extremadamente ardua para la cual no se tenía experiencia.

En 1953 surgieron los primeros partidos políticos clandestinos, y el 10 de diciembre de 1956, de la fusión del Partido de la Lucha Unida de Angola (PLUA) y del Movimiento de Independencia de Angola (MIA) y más tarde del Movimiento de Independencia Nacional de Angola (MINA) y del Partido Comunista de Angola (PCA), surgió el movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) (VV. AA., 1989, p. 2).

Un papel clave en el enfrentamiento al colonialismo lo asumió Agostinho Neto como líder del MPLA (Ríos, 1982, p. 5). En diciembre de 1962, en la Primera Conferencia Nacional del MPLA, Neto es elegido presidente y desde entonces se convierte en el portavoz de la independencia angolana y encabeza la lucha en todos los terrenos. Durante los 14 años que duró la guerra libertadora, Neto reveló sus valores como revolucionario, intelectual y guerrillero, en medio de constantes maniobras foráneas que intentaban imponer una alternativa neocolonialista al país.

Hay que destacar que el MPLA, además de enfrentarse a los colonialistas portugueses en desigual lucha en cuanto a recursos, armamentos, comunicaciones, etcétera, tuvo que combatir a los traidores y a los títeres del imperialismo y la reacción.

La otra organización contrarrevolucionaria con la que tuvo que luchar el MPLA, sostenida y financiada también por la CIA, fue la Unión Nacional por la Independencia Total de Angola (UNITA). Fundada por Jonas M. Savimbi en 1966 en Zambia, no tuvo prácticamente ninguna participación en la guerra de liberación, a no ser sirviendo directamente a las tropas portuguesas en la delación de las actividades del MPLA y en operaciones militares en su contra.

Asimismo los Estados Unidos, a través de los regímenes sudafricano y zairense, llevaron a cabo una política que pretendía buscar una solución neocolonial del problema para intentar debilitar el papel de la URSS. Cuba y la URSS, junto con otros países socialistas, al apoyar decididamente al MPLA se convertían también en actores importantes dentro del marco de los intereses cardinales del pueblo angolano.

La participación cubana en el conflicto de Angola se inscribía en los fundamentos internacionalistas de la política exterior de la Revolución cubana.

Las circunstancias políticas en que se desarrolló la primera etapa de la lucha nacional libertadora significaron un fortalecimiento del MPLA como actor principal en el conflicto armado. No obstante, debido a la presencia de otras fuerzas, se conformaban circunstancias políticas que, aun cuando favorecían a los grupos más avanzados del movimiento de liberación nacional, encontraban la permanente interferencia de intereses foráneos imperialistas.

Portugal desesperadamente trataba de mantener sus posiciones coloniales en África. Sin embargo, en el interior de la metrópoli transcurría un proceso de cambio que inevitablemente conduciría a poner fin de una vez y por todas a su dominación colonial en el continente (Arrighi y Saúl, 1972, p. 111).

Los acontecimientos de abril de 1974 en Portugal marcaron una tendencia al cambio respecto a la relación entre este país y sus posesiones de ultramar. Durante este período, el Presidente Spinola llevó a cabo maniobras dilatorias respecto a la descolonización y estimuló a la ultraderecha que se apoyaba en Sudáfrica para mantener el control de Angola, tratando de reeditar lo sucedido con Rhodesia.

Las negociaciones que dieron lugar unos días después a los acuerdos de Alvor sirvieron de base para avanzar hacia la independencia. Así, se estipuló la instalación de un gobierno transitorio en el que cada una de las organizaciones ocuparía tres ministerios, con una presidencia colegiada y bajo la dirección suprema de un alto comisario portugués. Se crearía, asimismo, un ejército integrado por las tres fuerzas y se convocaría tres meses después a la Asamblea Constituyente y a posteriores elecciones generales que culminarían con la proclamación de la independencia el 11 de noviembre de 1975 (Ríos, 1982, p. 8). No obstante, si se analiza con detenimiento el contenido de los acuerdos de Alvor y se presta atención a la forma en que se distribuía las fuerzas de las tres organizaciones allí representadas, no sería difícil concluir que el MPLA quedaba en desventaja.

Los acuerdos de Alvor, a pesar de todo, se registran como unos de los primeros procesos negociadores del conflicto angolano. No obstante, aunque el 11 de noviembre de 1975 se proclamara la independencia, lo que significó la culminación de lo que el MPLA reconoce como la primera guerra de liberación nacional, esto no constituyó la conquista de la paz para el pueblo angolano (González et al., 1967, p. 70).

La participación de fuerzas externas en el drama del pueblo angolano tomaría mayor importancia a partir de marzo de 1975, momento en el que el FNLA se lanzó abiertamente a sabotear los acuerdos de Alvor y a tomar el poder en Luanda mediante ataques armados a las oficinas y contra militantes del MPLA. Las armas y la asesoría técnica, junto a una brutal campaña de terror, corría, naturalmente, por parte de la CIA.

Los enfrentamientos culminaron en julio cuando el MPLA tomó por las armas la capital de país y se asentó en 12 de los 16 distritos de Angola como resultado de la indetenible ofensiva militar, la cual obligó a los efectivos militares del FNLA a replegarse hacia Zaire. Por otra parte, la UNITA, que durante algún tiempo había utilizado la táctica de equidistancia respecto al MPLA, decidió retirarse a Bié y Huambo, enarbolando la tesis secesionista de zona de influencia, al tiempo que se aliaba definitivamente al FNLA (Documentos del MPLA-Partido del Trabajo, 1977).

La evolución de los acontecimientos conducía inevitablemente a la internacionalización del conflicto, pues Estados Unidos y su aliada Sudáfrica pasarían directamente a buscar la aplicación práctica de lo que habían convenido anteriormente.

El 23 de octubre de 1975 se inicia una acción combinada; mientras Luanda es atacada por el norte por las organizaciones de Holden Roberto y Zaire, las tropas regulares de Sudáfrica penetran por el sur hasta una profundidad de 600 a 700 km del territorio angolano. De esta forma queda de manifiesto el accionar del imperialismo como actor fundamental dentro de las fuerzas que pugnaban por el poder y que trataban de impedir la consolidación de un evidente gobierno angolano dirigido por el MPLA.

Las circunstancias políticas que se conformaron ante la agresiva escalada bélica provocaron que el MPLA, ante el peligro de que se frustrara la proclamación de la independencia del 11 de noviembre de ese año y en uso del principio de legítima defensa que aparece plasmado en la Carta de la ONU en su artículo 51, solicitó al Gobierno de la República de Cuba la intensificación de la ayuda militar a fin de enfrentar la agresión a que estaba sometida (Jornal de Angola, 1975). Un factor de extraordinaria importancia en el análisis de estos acontecimientos lo constituyó la acertada dirección ejercida por el presidente Agostinho Neto, quien ante la difícil situación en que se encontraba su patria, supo tomar las decisiones que condujeron a impedir que se consumaran los planes del imperialismo.

Los gobiernos legítimos de Angola y Cuba, principales actores en el enfrentamiento con las fuerzas agresoras, mantuvieron una diáfana y constructiva posición en pos de favorecer una solución negociada al conflicto que, a su vez, permitiera encontrar espacios a la independencia de Namibia, en línea con los acuerdos de la ONU.

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